El uso de los móviles en las aulas, un profesor uruguayo cabreado y sus implicaciones
Hola a todos,
Os escribo por aquí porque hoy me he topado con una noticia relacionada con lo que estamos trabajando ahora en la asignatura de Sociedad, Familia y Educación, y diría que también con Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad. Se trata de una carta de un profesor universitario, Leonardo Haberkorn, de una facultad de Periodismo en Uruguay, donde se desahoga ante el panorama que le vienen a dibujar sus estudiantes a partir de lo que hacen y no hacen en sus clases.
Al parecer, escribió dicha carta a modo de desahogo en su blog personal hace unos años y, debido a la actualidad del tema o temas que menciona, se ha venido haciendo más y más conocida a través de personas que la compartían en redes sociales, tal como yo estoy haciendo ahora.
- "Me rindo", la historia detrás de la carta de renuncia de un profesor de Periodismo. (El País, 11/11/2018) La carta del profesor está al final de la noticia ;)
Su necesidad de deshago, tal como lo entiendo, surge ante la incapacidad para conectar con sus estudiantes, para generar situaciones relevantes e interesantes para todos (él incluido), para encontrar un genuino sentido de curiosidad en ellos, para, en definitiva, encontrar sentido a lo que hace como profesor. Y aquí cabría preguntarse si él mismo se pregunta por el "cómo" y por el "por qué" y con lo que se derivaría de dichas preguntas.
Sin entrar en muchos detalles, os puedo decir que se trata de una queja que, bien en su conjunto, bien en aspectos más concretos de los que menciona, no me es ajena y que la podríamos encontrar tanto en contextos universitarios, como de Educación Secundaria como, incluso, de Educación Primaria.
Mientras iba leyendo (y por esto me he decidido a compartir aquí la noticia) me he acordado de una viñeta que suelo utilizar en algunas asignaturas para ejemplificar cierto desajuste entre las expectativas y/o las formas de entender de profesores y estudiantes, una cuestión propia de temas que veremos más adelante.
- En inglés:
- Con traducción al español:
La viñeta refleja una curiosa paradoja. Paradoja que, quizás, también se dé en el caso del profesor uruguayo. De entrada, habría que entender en qué consiste dicha paradoja. Podríamos atender a lo que dice el profesor, a lo que piensa y a lo que de hecho está haciendo. Y más aún, podríamos atender a cómo lo que dice y lo que hace posibilita cierta respuesta del sistema donde (lo sepa o no) está inmerso; esto es, la relación con sus estudiantes. Visto así, podría ser también considerado un ejemplo de "feedback negativo".
En fin, simplemente quería compartir con vosotros esta conexión, por si vosotros también lo conectáis con algo de lo que estamos trabajando en ADP y/o SFE.
Un saludo
David


Buenas noches,
ResponderEliminarTras leer la carta "Me rindo" me gustaría comentar varias ideas que me han gustado especialmente. La reflexión me ha quedado algo larga, por lo que tendré que dividirla en varios comentarios.
La primera hace referencia a algo que ya comentó en clase un compañero y que me llamó mucho la atención. En la sociedad actual, la enorme gama de estímulos que podemos recibir a través de un simple clic es increíble. Esto puede ser tremendamente útil, pues nos permite acceder a información y a recursos con los que antes del desarrollo de Internet no podíamos ni soñar. Pero, por desgracia, también provoca que la atención de la gente se encuentre muy dispersa entre una gran variedad de temas y asuntos sin relevancia. Por tanto, ¿por qué no empleamos las técnicas para captar la atención que se han desarrollado durante años en el mundo de la empresa? Ser capaces de captar la atención de nuestros alumnos se vuelve cada vez algo más importante y complicado, así que, ¿por qué no utilizar todas las herramientas de las que disponemos?
Otra idea que me gustaría comentar está también relacionada con esta falta de atención y es más una crítica a la profesión docente. Es cierto que la tecnología ha provocado que la atención de nuestros alumnos sea cada vez menor durante las clases, pero también la forma en la que se produce la enseñanza tiene parte de culpa. Durante toda nuestra vida como estudiantes nos hemos encontrado con profesores apáticos que no tenían interés en nuestro aprendizaje, así como con profesores que en ningún momento fomentaron algún tipo de creatividad o imaginación. Por ello, al menos en mi opinión, la escuela era vista como un ente ajeno a nuestra vida y que no estaba diseñado para nuestro beneficio, sino para mantenernos encerrados y tratar de que no causemos problemas ni en ese momento ni en un futuro. Debería intentarse, por tanto, desterrar esa visión de la escuela como algo negativo y conseguir que los estudiantes la vean como un sitio donde desarrollarse personalmente. Un sitio donde encontrar lo que les gusta y poder dedicarle tiempo. Un sitio donde realmente sientan que están aprendiendo cosas útiles para ellos. ¿Qué necesidad hay de enseñar la historia como una serie de aburridos datos que deben memorizarse cuando las películas llaman fácilmente su atención? ¿Qué necesidad hay de enseñar la Física y la Química como conceptos meramente abstractos que no se relacionan con su realidad cuando podemos encontrar ambas disciplinas por todas partes? Así, como bien reflexiona Haberkorn sobre la adaptación que debe experimentar el periodismo, también la escuela debe buscar la suya propia, pues cada vez se vuelven más necesarias actitudes y habilidades que la escuela no está preparada para desarrollar.
Además, una de las capacidades que debe ser capaz de fomentar la escuela y que podría ayudar a combatir el desinterés cada vez más abundante es la búsqueda del interés propio, la búsqueda de un sentido a las cosas. ¿Cómo es posible que alumnos con 16 y 17 años no sean capaces de decir a qué se quieren dedicar porque no saben qué les atrae? La búsqueda de aquello que nos interesa y a lo que le queremos dedicar tiempo es precisamente lo que nos permite levantarnos cada día, es decir, es lo que nos motiva. Por tanto, si los alumnos son conscientes de qué es eso que les inquieta y ven que la escuela les sirve para alcanzarlo, es mucho más probable que quieran acudir a ella. Pero, para que esto ocurra, el profesor debe abandonar su puesto como transmisor de conocimientos para comenzar a ayudar a los alumnos a desarrollar otro tipo de capacidades. Debe ser capaz de orientar a los alumnos hacia aquello que les gusta, de ayudarles a encontrar un sentido a su tiempo, a sus vidas. Debe ser capaz de permitir que desarrollen habilidades como la expresión corporal, las interacciones sociales, la creatividad, la resiliencia, etc, habilidades que resultarán fundamentales para su día a día una vez que salgan de la escuela. Y, además, debe ser capaz de combinar el aprendizaje de estas capacidades con unos contenidos que les permitan entender el mundo que les rodea y cómo ha llegado a ese punto, que les permitan entender y tomar parte en los cambios que se avecinen. Pero es fundamental que el desarrollo de todas esta cosas ocurra siendo los alumnos conscientes de por qué se hace así. Es decir, igual que debemos buscar un por qué contingente a qué hacemos como docentes, debemos ser capaces de transmitírselo a nuestros alumnos, de forma que entiendan la educación como algo propio y beneficioso para ellos.
EliminarPara no alargar más este comentario, pues el tema da para mucho, tan solo me gustaría aportar una opinión sobre la viñeta que aparece en el post y que hace que me cuestione cada vez más qué sentido tiene una clase en la que el profesor es el que más habla. Durante muchos años me he encontrado con profesores cuyas clases consistían en apuntar la información que trataba de transmitir, dejando como un trabajo personal del alumno el encontrar relaciones entre la misma. Precisamente por ello, nos acostumbrábamos a no buscarle un sentido en el momento, sino a asegurarnos de que conseguíamos apuntar lo fundamental, dejando el análisis y la reflexión para más adelante (si es que se producía), normalmente para cuando se acercada el examen. Si en vez de hacer esto consiguiésemos que sean los alumnos los que, a partir de una serie de ideas claves principales y mediante un guiado adecuado, descubran las relaciones y las consecuencias de la información que se está tratando en clase, ¿qué necesidad habrá de un examen para probar que han conseguido hacerlo? Es decir, clásicamente a los alumnos se les da la información, se deja que reflexionen por su cuenta sobre ella y luego se comprueba que lo hayan hecho adecuadamente mediante un examen. ¿No tendría más sentido ayudarles a desarrollar esas reflexiones y conexiones sobre la información de la asignatura directamente? De esta forma, ¿no dejaría de ser necesaria la presencia de los temidos exámenes que hacen que vayan a clase muchas veces ya asumiendo que van a sufrir?
Espero que encontréis alguna de estas opiniones interesantes y estoy abierto a debatir sobre cualquiera de ellas.
Un saludo,
Álvaro
Buenos días,
ResponderEliminarMe llamó mucho la atención de esta noticia un aspecto. Está claro que para llegar al fracaso como profesor hay un proceso. En ningún momento el profesor cuenta el hecho de haber intentado mejorar la situación , sino que habla de un resultado final como si el fracaso no fuera la suma de una serie de hechos. Pienso que si el profesor agota todos los recursos que tiene para intentar mejorar la atención en clase , motivar a los alumnos etc , se puede hablar de un fracaso. Otro aspecto que me llamó la atención es que parece que el profesor( igual que muchos hoy en día ), eligió ser profesor por descarte y no por vocación. Analizando sus palabras se puede ver frustración pero nada de critica hacía si mismo ni de reconocimiento de errores , todo está dirigido hacía los alumnos como si ellos fueran responsables de todo lo que ha conducido hacía el fracaso.
Hola Nicoleta,
EliminarExcelente observación. Ese resultado al que él llama "fracaso" está antecedido de un proceso, y en dicho proceso intervienen -de manera diferente, eso sí- sus estudiantes y él mismo. No pongo en duda su diagnóstico sobre sus estudiantes, pero quizás sí el uso que hace del mismo. En vez de para tomar la puerta de salida le podría haber servido justamente para entrar a revisar lo que está dando por hecho, y no sólo estaríamos hablando del uso de recursos tales como fórmulas preexistentes a nivel de procedimientos para que sus estudiantes se motiven, le atiendan, etc.
Para mí, se trataría sobre todo de contar con distinciones útiles para poder entender como profesor lo que de hecho está ocurriendo. Distinciones como las que ya habéis comenzado a manejar a partir de la tarea de enseñar en grupo; distinciones como las que plantea Robert Kegan en cuanto a entender el momento evolutivo de tus estudiantes y, a partir de ahí, poder hacerlo más útil e interesante tanto para ellos como para ti mismo.
Probablemente lo que sentía este profesor era similar a lo que estaban sintiendo (en términos de cómo estaban evaluando lo que ocurría) sus estudiantes. Es una muestra de que más allá del contenido académico importan -y mucho- los procesos que permites poner en marcha a tus estudiantes y a ti mismo, tanto dentro de una clase como a lo largo de una asignatura.
Un saludo
David